Queridos todos,
El despertador sonó a las 5:00 de la mañana. La verdad es que no sé si me estoy haciendo mayor para dormir en el suelo o demasiado cómodo para consentirlo. Pero sí, me dolían todos los hueso de la espalda pero Santiago ya susurraba nuestros oídos, apenas 27 km para darle un buen abrazo. Desperté a mis chicos con la excusa de un buen desayuno y la mejor comida en Compostela. También amanecieron cansados pero con mejores fuerzas que su viejo padre. Apenas empezaba a clarear entre la vereda y el bosque, recogimos rápido y tiramos hacía Brea y Santa Irene. Ayer hubiéramos querido llegar a la meta de Santa Irene, pero nuestros queridos peregrinos de la jornada de ayer eran más importantes que aterrizar en cualquier meta o lugar. El olor a tierra húmeda y a eucalipto nos dieron los buenos días, pudimos desayunar y asearnos en el bar de un hotelito rural en A Rúa. Tan solo unos cafés con leche y algunas galletas del sobrante de ayer… al poco volvería aparecer el hambre y el cansancio acumulado.
Nuestro siguiente horizonte sería el Monte do Gozo con su mirada fija en la catedral de Santiago, los pasos eran cansados pero firmes, había voluntad de llegar a mediodía para disfrutar de todas las luces de la ciudad.

En nuestra tercera etapa, en la subida del alto del perdón, en la misma Sierra del perdón, donde se halla el parque eólico, se puede leer en una de sus esculturas de bronce la siguiente sentencia: «Donde cruza el Camino del Viento con el Camino de las estrellas»; pues bien, prácticamente, habíamos recorrido de Este a Oeste el Camino de las Estrellas, el de una visión inspiradora de una vía láctea que había sobrecogido a nuestros ancestros; una constelación de vida que pretende saber de nosotros hasta el ‘Finis Terrae’.
No se nos ocurría ya mirar mucho el camino que pisaba nuestros pies y el cansancio de los días desdeñaba las limitaciones físicas en pos de algo más grande, máxime cuando podíamos permanecer juntos, hacer algo juntos, aunque cada uno de nosotros los viviera a su manera; el futuro por llegar dará a buen seguro sentido a todo aquello que ahora no somos capaces de explicar. Os voy a pasar la siguiente cita:
«DIOS ES AMOR, Por lo tanto su actitud Personal única es siempre una reacción de afecto divino. El Padre nos ama lo suficiente para otorgarnos su vida.»
El camino se convierte en un tiempo de gratitud de ese amor divino y filial; de libertad, de elección y de proyección a la ‘Vía Láctea’ de la vida espiritual. Por eso buscamos el sentido a la vida en el Camino, por eso el Camino no acabará en Santiago sino que, realmente, empezará allí donde creímos acabar; por eso no acabará para Mi si no que empezará para Nosotros. Doy fe de ello cuando hace 17 años empezó para mí y para mi Julia al igual que, ahora, empezará para mí y para mis hijos-hombres, Iago y Leonardo, que aunque ahora no lo sepan en las vivencias de sus carnes, lo albergan ya dentro de sus corazones como tesoro imperturbable.
Eran sobre las 11:00 de la mañana cuando llegamos al Monte del Gozo y descubrimos Santiago, apenas paramos para la foto porque había que seguir, queríamos más. Cuando pusimos los pies en la linde de la ciudad, nuestros pasos se volvieron prudentes, respetuosos, alegres, confiados, estaba hecho, (estábamos empezando).

Accedimos a la ciudad antigua por detrás de la catedral, por la Plaza de la Inmaculada que da a la rúa do Arco de Pozo donde nos recibió el sonido de una gaita que me abrió el corazón y dió puerta de salida a mis lágrimas, y Iago me abrazó y todos nos abrazamos en la plaza del Obradoiro asomados a la catedral de Santiago.

Eran pasadas las 12:00 del mediodía, no podíamos pasar a la Iglesia porque estaban celebrando misa así que viendo las caras ‘famélicas’ de mis chicos nos fuimos para ‘Casa Manolo’ a brindarlo. Una vez allí nos pedimos un menú del peregrino que no nos pudimos acabar al completo, (¡increíble!), y además Iago se pide unos pimientos del Padrón fritos y me deja anonadado…( mi lucha por una alimentación sana, equilibrada y variada, tenía su premio…), cayeron carnes, pescados, vinos y postres con algunas risas. Después de disfrutar de la buena comida fuimos a la catedral a darle un abrazo al Apóstol entrando por la Puerta del Perdón o Puerta Santa y ese abrazo nos acompañará por todas nuestras nuevas etapas en los días venideros, en la vuelta al hogar, con la familia, con los retos inauditos.



Realmente, el Camino de Santiago, no ha sido fácil, ha implicado renuncias, como pasar unas buenas vacaciones sin mi esposa y sin el resto de mis hijos, Nora, Gabriel, Héctor y Sofía; también ha tenido momentos duros, de incomprensión, de necesidades insatisfechas, de economía muy austera, de soledad, de miedos vanos y de miedos reales, pero nos ha aportado mucho más de lo que hemos podido ofrecer a priori y ello se trasluce en varios beneficios:
1.- La visión aumentada y creciente de nuestra realidad, del mundo en que vivimos. De discernimiento de nuestros hechos por nuestros pensamientos y a la luz de una espiritualidad íntima.
2.- De control desde el reconocimiento de uno mismo y desde la indispensabilidad del otro que nos obliga a la hospitalidad como emblema sagrado.
3.- Y el saber que el reino de Dios está dentro del corazón de los hombres y por ello, la visión de una providencia real, nos empuja a que ésta solo pueda ser social o general, de reconocimiento del otro como hijo o hija de Dios y a lo largo de todo el sentir de los valores que nos han alzado como la bondad, la belleza, la verdad, la esperanza…desde los inicios de los tiempos.
Poder disfrutar de tantas personas en tan corto espacio de tiempo es un lujo en los tiempos que corren que no podemos ni debemos despreciar. Ha sido un honor, un placer y una alegría el compartir, con todos ellos y con todos vosotros.
Buenas noches y Buen Camino!
Ultreia!!!





































